Anécdotas de Américo Fernánde y las que le contaron sus amigos. Además HUMOR Y POLÍTICA / Humor burlesco, satírico, irónico lo que suscite el lenguaje como los hechos y comportamiento de políticos de cualquier jerarquía dentro de los campos de la administración pública y dirigencia civil.
martes, 24 de noviembre de 2020
PREVENCIÓN A TIEMPO
En una de sus frecuentes viajes a Ciudad Bolívar, Soto visitó la Panadería “Deli-Pan” donde se encontraban desde temprano varios paisanos, entre ellos, Antonio López Escalona y el Morocho Porras, con los cuales entabló una amena conversación en la que no faltó el tema de la muerte, lo cual permitió a Soto decir que había pedido a su esposa e hijos que si moría en Francia fueran sus restos trasladados e inhumados en el Cementerio Centurión de Ciudad Bolívar. “Ni se le ocurra, Maestro, porque seguro que los malandros no vacilarían en violar la tumba para subastar sus huesos”, le atajó el Morocho. (AF)
ALUCINACIÓN VISUAL
Cuenta Ariel Jiménez en su libro “Conversaciones con Jesús Soto” que en el curso de una entrevista, el Maestro recordó la alucinación visual que tuvo a causa de unas fiebres muy altas que le hacía percibir “algo muy extraño, pero que me fascinaba y me producía un gran placer, hasta el punto de que no quería que mi mamá me curara, para poder verlo". El artista confesó que "la visión consistía en que, observando a una persona, de repente la veía reducirse rápidamente hasta convertirse en un pequeño punto luminoso. Ese punto crecía luego hasta restituir la imagen de la persona. Eso lo veo claramente como si fuera hoy".
SOTO SE NIEGA A SER CURA
Jesús Soto, fue monaguillo de la iglesia Santa Ana, ubicada en dirección diagonal a su antigua casa. En cierta ocasión el párroco Rafael María Villsamil, consciente de la situación económica de su familia le propuso a Emma Soto, madre del artista, que lo enviara al seminario. Pero Soto se puso muy triste porque según contaba, “no me imaginaba cura porque me gustaban mucho las mujeres”.(AF)
SATURNINO FUE POR VINO
Andábamos juntos el médico Celestino Zamora Montes de Oca y yo despidiendo un amigo en el Cementerio de Jobo Liso cuando de pronto Beatriz Taberoa, economista y viuda muy joven de Manuel Yanez, autor de “Viajera del río”, se emociono al vernos. A mi porque fui su vecino y madrina de mi hija Ondina, y a Zamora por haber sido médico de la familia. Ella tras charlar amenamente, nos invitó a tomarnos unos vinos a su casa. Pero andaba en el auto de una amiga que seguramente no soportaba a la gente de edad avanzada porque se veía reflejada en ella, De manera que Zamora camino a su casa en una urbanización, tenía que seguirlas, pero arrancó su amiga con tanta velocidad que se perdió de vista. Al final, como decía aquel libro de la escuela primaria: “Saturnino fue por vino y quebró el vaso en el camino“..(AF)
El bohemio Manuelito Luna
Manuelito Luna, intelectual y poeta, a quien muchos bolivarenses de la ciudad tradicional recuerdan, sobremanera por sus salidas humorísticas cuando se hallaba pasado de tragos. De él se cuenta que achispado y tambaleante, cruzaba la Plaza Bolívar un Viernes Santo, y al observarlo en ese estado, el Obispo Monseñor Miguel Antonio Mejía se le acercó y lo amonestó: “Como es posible, Manuelito, que hoy día de la muerte de Jesucristo tu andes en ese estado?” A lo que el Poeta, hipando, respondió: “Usted sabe lo que pasa, Monseñor, que cuando Cristo muere, la humanidad se tambalea”.(AF)
Equívoca oración de despedida
Qué apuros pasó el “Flaco Rojas” cuando su gran amigo Rafael Torres, al pronunciar una oración luctuoso en el umbral del Cementerio, olvidó que el sepelio no era de un hombre sino de una mujer: “Ha Caído un samán centenario de la selva Guayanesa….” Comenzó Rafael a tiempo que por la espalda el “Flaco Rojas, a sotto voce, le aclaraba: “Rafael, Rafael, el cadáver es hembra” y entonces, con aquella solemnidad sepulcral, Rafael, engolando la voz con una inflexión quejumbrosa, rectificaba:“Rectifico, señores. Ha caído una Ceiba centenaria de la selva guayanesa…” y por allí se iba Rafael, siempre solicitado para esas penosas despedidas a las que él tan generoso nunca pudo negarse ni hilvanar sobre la marcha un discurso para cada ocasión. (AF)
BOLIVARENSES VESTÍAN DE NEGRO EL 17 DE DICIEMBRE
El l7 de diciembre de ese año 1943, aniversario de la muerte del Libertador, los bolivarenses, como de costumbre y siguiendo una tradición, vestían de negro, entre ellos, una dama amiga de Mario Briceño Iragorri, a quien le escribió en tal sentido: “No haga Usted eso de vestir negros ropajes en la hora de la apoteosis de Bolívar. Eso estuvo bien que lo hicieran Doña María Antonia y sus deudos. Para nosotros, Bolívar no está en la lista de “los fieles difuntos”. Bolívar no es difunto. El está vivo y si muchos lo miran como muerto, debemos luchar tenazmente contra tal idea”. (AF)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






