Anécdotas de Américo Fernánde y las que le contaron sus amigos. Además HUMOR Y POLÍTICA / Humor burlesco, satírico, irónico lo que suscite el lenguaje como los hechos y comportamiento de políticos de cualquier jerarquía dentro de los campos de la administración pública y dirigencia civil.
martes, 24 de noviembre de 2020
La tortura de los mandados
Había cosas que definitivamente no le gustaban a Alejandro Otero, por ejemplo, hacer mandados de cualquier tipo. Le parecía que había en ello mucho de compulsivo y arbitrario, de violatorio del libre albedrío. Siempre andaba en algo, y el mandado, sin que cupiera réplica ninguna, tenía que ser llevado a cabo al término de la distancia.
El que menos le gustaba era el comprar leña pero tener que cargar agua era peor. A veces los peroles demasiado llenos pesaban mucho, y el viaje se convertía en una verdadera tortura.
El más ridículo de todos era cuando lo mandaban, a través de todo el pueblo, a buscar un poquito de “Tente allá”. Era angustioso, pues había que esperar angustiado algo que al final de le entregaban jamás. (AF)
PRIMERA MUJER DEL PINTOR ALEJANDRO OTERO
Alejandro Otero, el creador plástico guayanés, a quien el poeta Palo Neruda exaltó como el más importante de América, tuvo su primer sexo, según propia confesión, con una criada de su Mamá. El tenía catorce años y ella un año menos, Una noche de torrencial aguacero mientras su Mamá visitaba una amistad vecina aprovechó su ausencia y a la luz de una vela tuvo su primer acto sexual de la manera más instintiva e inocente. Después de ese febril y emocionante momento, la relación se hizo frecuente hasta que su Mamá decidió mandar la niña al catecismo para que hiciera la primera comunión. Cuando se tuvo que confesar contó al sacerdote lo que pasaba entre ellos y éste no solamente le impuso una severa penitencia, sino que la alertó sobre la posibilidad de un inminente embarazo. Esto la aterró y aunque tuviera razón, Alejandro no le perdoné jamás a ese cura que lo privase por siempre de mi primera mujer (AF)
Estamos en democracia
Raúl Leoni quería mucho a la abuela de la esposa del escritor Eduardo Casanova, así que no era extraño que la visitara. Ya elegido Presidente de le Republica, pero antes de asumir su cargo, Leoni- con toda su comitiva presidencial- se presenta en la casa de la dama y se encuentra con que Casanova había estacionado su vehiculo justo en la entrada. ‘’De repente -explica Casanova- se baja un militarcito, así muy, muy…. eficiente. ¡El dueño del automóvil que esta afuera que lo retire. Y por detrás viene Leoni, me de un abrazo y dice. ‘’No, no, déjalo ahí, que estamos en democracia” (Tomado del Semanario Quinto Día)
BOLÍVAR HABLA POR TELÉFONO
En Miraflores había un mesonero de apellido Bolívar. Era uno de esos viejos adecos, cascarrabias, pero muy apreciado por el presidente Raúl Leoni.
Era el año 65, dicen que a las ocho de la noche, el Presidente, que ya se había retirado de Palacio, llamo desde la casona al secretario general de la Presidencia, doctor Manuel Mantilla.
-El está en la cocina -respondió el Edecán de guardia.
-Entonces páseme a la cocina.
Tomó el teléfono Bolívar:
-¿Quién habla? - pregunta Leoni.
El mesonero parece que no reconoció la voz y respondió:
-Es Bolívar señor.
-¿Bolívar, el mesonero? - preguntó Leoni.
-¡No, el Libertador, pendejo! y colgó.
Leoni volvió a llamar. Ya Mantilla había regresado a su despacho. El presidente le contó el gracioso incidente. Fue tan gracioso que Bolívar siguió en Palacio, hasta que Caldera cambió el personal doméstico.
LEONI, EL PRESIDENTE BUENO
Con el fin de solicitar la liberación Gustavo Machado, quien aun se encontraba detenido en el cuartel San Carlos, los grupos de izquierda designaron una comisión de Notables, de la cual formaban parte Miguel Otero Silva, Miguel Zúñiga Cisneros, Joaquín Gabaldón Márquez, Reinaldo Cervini y José Agustín Catalá. A este último le toco pedir la audiencia al presidente de la República, Raúl Leoni, quien le preguntó. ¿Que vienes hacer para acá con esa gente? ‘’Bueno’ chico -respondió Catalá-, a saludarte, a felicitarte’’. ‘’Entonces vengan esta noche -prosiguió Leoni- pero eso si, a las 8.00 de la noche, no me vengan antes’’. Cátala se comunicó con el resto de los notables y se puso de acuerdo para llegar a Miraflores a la hora acordada. Gabaldón Márquez fue el primero en hablar, y le dio una explicación del caso de Gustavo, el tiempo que tenía preso. Leoni dijo. ‘’Ustedes están haciendo una historia de Gustavo Machado y yo la conozco más que ustedes. Han terminado elogiándolo y no han terminado de decirme lo que quieren. ¡Quieren la libertad de Gustavo Machado! En vez de comenzar por ahí. Bueno, esta concedida’’. ¿Y para cuando? , preguntó Cátala. Eso ya esta listo –dijo Leoni- ya lo mandé para la casa, vayan a verlo allá’’.
VISITA DE LEOPOLDO AL MUSEO SOTO
Recién designado Ministro Presidente de la CVG decidió inspeccionar personalmente los trabajos de ampliación del Museo Soto. Era yo entonces corresponsal de El Nacional y me tocó cubrir la visita. Pero inmediatamente me dí cuenta que la directora del Museo, licenciada en filosofía de la estética Gloria Carnevali y su asistente la periodista de arte Silvia Jastran no estaban enteradas. Las tomó por sorpresa cuando Leopoldo en traje de campaña y con botas largas hacía tronar con sus pisadas los peldaños de la pulida escalera que daba a la dirección del Museo. La Directora quedó como petrificada mientras las obras de Vasareli y Paúl Lee temblaban.(AF)
EL CARÁCTER CERRERO DE LEOPOLDO
El extinto Leopoldo Sucre Figarella tenía fama de “querrequerre” y hermético. Para complemento, se buscó de piloto oficial a Ángel Dionisio López, profesional de pocas palabras y arrechucho como el entonces Presidente-Ministro de la CVG. Durante tres años piloteándole el avión presidencial, solo una vez le habló en vuelo y ocurrió un día de tiempo muy nubloso y cerrado que le impedía llegar a La Carlota, su destino. “Ministro, que hacemos, nos desviamos a Maiquetía?”. Era lo más visible y viable, alternar en Maiquetía, pero el Ministro, impredecible, ordenó sorpresivamente lo contrario: retornar a Ciudad Bolívar.(AF)
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