Anécdotas de Américo Fernánde y las que le contaron sus amigos. Además HUMOR Y POLÍTICA / Humor burlesco, satírico, irónico lo que suscite el lenguaje como los hechos y comportamiento de políticos de cualquier jerarquía dentro de los campos de la administración pública y dirigencia civil.
domingo, 9 de mayo de 2021
El irresistible temor de Pedro Montes.
Pedro Montes, quien durante su juventud se condujo como Novillero del Circo Monedero, tuvo un comercio frente al Café España y contagiado por la fiebre del automóvil, se compró uno. El problema era que temía se lo chocaran, de manera que cuando debía pasar una esquina y venía otro auto por la transversal, se salía de su carro y le hacía señal al conductor para que frenara pues él iba a pasar. Ese temor quizá era el mismo que experimentaba el monumental Negro Bogle cuando antes de pasar una esquina miraba inquieto para todos los lados y a veces aceptaba la ayuda por temor a que viniese un carro y lo aplastara. Esto lo narra Jorge Luis Borges, en Ton Castro, el impostor inverosímil. (AF)
viernes, 7 de mayo de 2021
LA CRUZ DEL SUR
Evangelia me hablaba de la Cruz del Sur que había logrado ver su padre, mi abuelo José de la Cruz Tilllero, cuando fue Marino de los siete mares. De esta constelación con cuatro estrellas dominantes en forma de cruz, habla Dante Alegieri, en la Divina Comedia, cuando pasaba del Purgatorio al Infierno y dicen que su nombre se lo puso Hernando de Magallanes navegando el Estrecho que lleva su nombre. Lo recordé anoche leyendo un cuento de Jorge Luis Borges sobre el Impostor inverosímil. Se trata del marino Ton Castro que consecuente con la tradición inglesa de “run away to sea” (huir al mar) deserta de su oficio de Marino en el puerto Valparaíso después de contemplar a la Cruz del Sur. (AF)
BOLIVARENSES VESTÍAN DE NEGRO EL 17 DE DICIEMBRE
El l7 de diciembre de ese año 1943, aniversario de la muerte del Libertador, los bolivarenses, como de costumbre y siguiendo una tradición, vestían de negro, entre ellos, una dama amiga de Mario Briceño Iragorri, a quien le escribió en tal sentido: “No haga Usted eso de vestir negros ropajes en la hora de la apoteosis de Bolívar. Eso estuvo bien que lo hicieran Doña María Antonia y sus deudos. Para nosotros, Bolívar no está en la lista de “los fieles difuntos”. Bolívar no es difunto. El está vivo y si muchos lo miran como muerto, debemos luchar tenazmente contra tal idea”. (AF)
jueves, 6 de mayo de 2021
PELOTÓN DE EJECUCIÓN
Cuando Ana Luisa Contasti, directora de la Casa del Congreso de Angostura, se veía comprometida con los asistentes a un concierto de canto y música, apelaba a un recurso que nunca le fallaba. Llamaba al Comandante de la V División de Infantería y éste tan amable y consecuente la surtía con un pelotón que un borrachito impertinente bautizó como el “pelotón de ejecución”.(AF)
martes, 4 de mayo de 2021
EL IRREVERENTE CAMILO PERFETTI
El médico ginecólogo-obstetra Camilo Perfetti era hiperestésico y tenía entre sus paisanos bolivarenses fama de irreverente, si lo sabré yo que anduve con él para arriba y para abajo. Uno de esos momentos me contó que nació el 9 de diciembre de 1935, en una casa antigua de sastrería, en la vecindad del río. Allí vivió hasta la edad de cinco años cuando inició un periplo de mudanzas de techo en techo, ya en los morichales, ya en la calle El Rosario y finalmente en la Calle Bolívar. Estudió en el Colegio La Milagrosa de los Padres Paúles hasta que finalmente se hizo hombre y universitario, pero siempre inquieto, irreverente, hiperestésico. Y así fue siempre, hasta sus 72 años y es que Camilo cuando no tenía nada que decir ni mal decir, era porque se exigía hacer las cosas de otro modo más conveniente y convencional. Por ejemplo, evitar erratas como aquella cuando era Corrector de pruebas del diario El Nacional que lo puso en manos de Pedro Estrada y todo porque dejó escapar hacia el lector un vocablo que molestaba a mi general (Pérez Jiménez) como era el de “traición” en vez de tradición. (AF).
lunes, 3 de mayo de 2021
ANECDOTAS DEL ORFANATO BOLÍVAR
El Orfanato es la Escuela o Unidad Educativa Bolívar de la Laja de San Isidro que de Orfanato, propiamente dicho, poco o nada tiene. Por fuerza de la costumbre la Escuela ha quedado connotada con el sustantivo que ciertamente la denotaba cuando fue fundada en 1937 por la Congregación de Nuestra Señora de Lourdes.
Lo cierto es que esa escuela, crecida como árbol sobre las raíces del antiguo Orfanato que tanto protegió Monseñor Mejía, matricula en la actualidad más de medio millar de estudiantes que pagan 40 bolívares mensual por cursar en ese establecimiento educacional que tiene como fundamento moral el catolicismo y ostenta puesto muy alto dentro de la educación básica de Ciudad Bolívar.
Por sus aulas han desfilado miembros de la crema y nata de la profesionalidad capitalina como médicos, abogados, docentes, ingenieros, novicias de votos perpetuos y hasta líderes políticos como Nelly Frederick y, por supuesto, como suele ocurrir en tiempos de la infancia escolar, muchos episodios divertidos, algunos públicos y otros reservados por la severidad conventual, pero que siempre se filtran, como la del sádico que desnudo en pelota incursionó en el establecimiento conventual para embestirle a las estudiantes internas.
Afortunadamente el nudista no logró su propósito lascivo porque la Hermana Mercedes sintió sus pasos y lo descubrió camuflado tras unas palmeras al tiempo que gritaba: “Hermana, traiga el machote”. Quería decir “el machete” que guarda en el depósito el jardinero para cortar la maleza. Claro, a cualquiera se le enreda la lengua en momentos de aprieto como el de esa noche conventual perturbada por la incursión furtiva del sádico que bien vestido había dejado la ropa en el guardapolvo de la ventana violentada.
Pero el Machote nunca apareció (cualquier burlón diría “y tan cerca”). La que sí apareció tan solícita como urgente, fue la patrulla de la Policía llamada con mucho temple por la Hermana Ana. La policía le dio rolo hasta más no poder y así como Dios lo trajo al mundo lo metió en chirona, sin ninguna piedad.
Al siguiente día el tema del pervertido fue la comidilla en los oratorios y en el cotidiano discurrir de la escuela. No hablar más del asunto aconsejaron las docentes novicias a la vez que prometían penitencia de rodillas sobre el pavimento áspero y poroso del patio de la congregación.
Penitencias como la pagada por Zaida Almeida, quien entró al aula de clases montando el burro de un labriego que había dejado amarrado en una mata de pilón de las inmediaciones: “Pero, niña, que haces con ese borrico?” “Nada malo, Maestra, el pobre que también quiere aprender”.
La mata de pilón era de buen porte, de amplia fronda y tallo tan grueso y robusto que detrás de él podían resguardarse las alumnas cuando eran requeridas severamente por haber cometido alguna falta. Sólo que cuando la cola de alumnas tratando de esconderse era muy larga, quedaban visiblemente al descubierto.
Las alumnas que jamás quedaron en evidencia fueron las que colocaron “saltapericos” en la silla de la cátedra de la profesora. La hermana no sabía de qué reían las niñas con tanta hilaridad, sólo cuando las asentaderas y el hábito blanco con cinta azul se posaron y los saltapericos estallaron con su característico olor a azufre que espantaba hasta el mismo lucifer. La Hermana salió en estampida y otra novicia ingresó al aula a aplacar los ánimos hilarantes con una severa admonición colectiva.
Ahora no se trataba de una tremendura infantil sino de algo que que la hacía rabiar. Jamás la Hermana había perdido la serenidad corriendo horrorizada, Sólo cuando camino hacia la Iglesia de las Siervas, los sapitos desbordados de la laguna del Porvenir la asaltaron y le salpicaron el hábito con su roa-roa matinal. (AF)
sábado, 1 de mayo de 2021
LA OBRA ARQUITECTÓNICA DE UN LOCO
Cuando se construía el Hotel La Cumbre sobre el tope dl cerro La Esperanza de Ciudad Bolívar, varias señoras de la ciudad subieron el cerro para visitar a la esposa del doctor Arturo Toledo y al ver aquel enredo de madera labrada entre piedras y bases de concreto, preguntaron entonando su asombro; “Mira, Julia, qué loco es el que está haciendo esto?” A lo que respondió la esposa de Toledo: “Un loco que anda por ahí”, pero el arquitecto Fruto Vivas que trabajaba muy cerca sin ser visto, se hizo sentir con su característica sensibilidad de artista: “Loco yo no, señora, loco su marido que hace lo que yo le digo que haga”.
Y la locura que en estos casos es un estado de sueño virtualmente imposible, se hizo realidad y repercutió hasta en los estratos más apartados, pues el nombre lo objetivó una niña del Barrio La Sabanita que entre miles ganó el ofrecido premio del concurso popular lanzado a los cuatro vientos. (AF)
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